El alma, el artista y los fantasmas

No importa la fecha que el calendario marcaba, si era verano o invierno, o el lugar específico en el que se encontraba, pero un día, cuando El Alma tenía tan sólo cinco años, en una tienda de discos escuchó por primera vez la voz del El Artista. Sus palabras hicieron eco en lo más profundo de su inocente e inexperto ser, nunca antes había escuchado algo parecido. “We could be heroes”, cuánto poder en tan sólo cuatro palabras que a partir de ese momento, El Alma adoptó como mantra.

¿Qué se puede saber de la vida a los cinco años? A esa edad muchas cosas carecen de sentido, los adultos son extraños y hacen cosas absurdas como invertir su tiempo y energía en lugares que los drenan, que les roban el aliento. Uno a esa edad a penas comienza a buscar el gran por qué, y sin importar cuantas veces se pregunte: ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?, la mayoría de las cosas seguirán careciendo de sentido.

 
 

¿Qué fue entonces lo que atrapó a El Alma a esa edad, aún sin tener conciencia de la esencia? El Artista le hablaba en un idioma antiguo que ambos conocían, un idioma que priorizaba las emociones y sentimientos, un idioma que tampoco entendía de por qué es y se centra en el simple hecho de ser.

Primero le habló su música, el ritmo tan peculiar y alegre que hacía que El Alma moviera las caderas y sacudiera la cabeza; después fue la historia de “Space Oddity” la que la acompañó en sus juegos y sueños de viajar al espacio y brillar con las estrellas; y cuando la adolescencia llegó para inundarla de inseguridades, fue cuando calaron todas las palabras de sabiduría que Bowie había pronunciado y le inspiraron valor a la hora de emprender la búsqueda del “yo”. 

 
 

El tiempo pasó, y El Alma y Bowie se volvieron íntimos amigos a pesar de que sus cuerpos nunca se encontraron. Fue su música la que la acompañó en las noches más obscuras en las que el único calor provenía de las lágrimas que escurrían por sus mejillas. Sus letras, poesía de otro planeta, hicieron la labor de sensei y curandero. El Alma era consciente de que ser diferente y tener pasiones inusuales te hacen sentir sólo, y al sentirte sólo te sientes maldito, y al sentirte maldito el miedo se convierte en un cruel compañero, y entonces comienzas a desear ser “normal”, pertenecer.

El mundo puede ser un lugar hostil cuando escuchas a esos demonios que te susurran cosas al oído, cosas como que no vas a lograrlo, que no eres suficiente, que estás solo. Bowie se atrevió a enfrentarse a esos demonios, se les enfrentó bajo distintos nombres, adoptando diferentes identidades que los desafiaban, y los degolló mirándolos a los ojos sin siquiera desgastarse en la batalla, simplemente fluyendo y compartiendo su magia.

 
 

La madrugada del 10 de enero de 2016, después de recibir la noticia, El Alma le grito a la luna y a los siete mares, se aferró a “Blackstar”, la última obra de arte, la despedida del Artista, el temido adiós. “How many times does an angel fall?” La partida de Bowie dejó un agujero negro en El Alma que nada ni nadie podrá llenar.

La música duerme a los demonios pero despierta a los fantasmas, es verdad, él mismo lo decía; la música calla las voces, arrulla a las bestias y despierta los recuerdos, al pasado, las personas que te formaron, los momentos vividos. El pasado puede ser una piedra a la que si nos aferramos nos impide nadar, nos hunde, nos pesa; pero también puede ser el impulso que necesitamos para seguir desafiándonos, para salir de nuestra zona de confort y expandir nuestros horizontes, porque es justo en ese punto en el podemos crear y ser arte.


 
 

Cuando se piensa en el concepto de arte normalmente viene nuestra cabeza una pintura, una escultura, quizá una pieza musical o un poema, pero el hombre que cayó a la Tierra, llegó para demostrarnos que el verdadero arte se vive, se es. El artista fue artista porque primero fue arte, y una vez cumplida su misión, regreso al espacio dejándonos su arte y sus fantasmas para hacernos compañía. Han pasado tres años de su partida, pero no hay un solo día en el que El Alma no mire al cielo y se pregunte: “Can you hear me, Major Tom?”