Una casa predecible pero satisfactoriamente misteriosa

La Casa con un Reloj en sus Paredes (2018)

★★★

La Casa con un Reloj en sus Paredes (2018), es una cinta basada en el libro de 1973 escrito por John Ballairs, e ilustrado por Edward Gorey, una novela gótica con un título que tal vez para libro funcione, pero para una gran producción hollywoodense el dar la trama exacta en el título puede llegar a arruinar la misma credibilidad de la película.

Una película completamente predecible pero entretenida. Finalmente, es una película familiar que mezcla la fantasía y el humor infantil al estilo de Las Crónicas de Narnia, La Brújula Dorada, en donde los niños protagonistas se convierten en los héroes de la historia, revelando oscuros secretos que los llevan a vivir la aventura de su vida y a salvar el mundo. En este caso, la fantasiosa historia está impregnada de suspenso que raya en el terror para los más pequeños.

La trama comienza cuando los padres de Lewis (Owen Vacarro) mueren en un accidente, por lo que debe mudarse a otra ciudad junto a su tío. Desde aquí comienza la muy conocida trama del niño huérfano que se muda a un lugar en donde descubrirá el misterio y la aventura de su vida. En este caso, su tío Jonathan Barnavelt (Jack Black), resulta no solamente ser una persona extraña a quien le gusta pasear por la casa a mitad de la noche silenciando los múltiples relojes, además es un mago. Junto a su vecina, y también poderosa bruja, Florence (Cate Blanchett), intentan detener una poderosa maldición creada por el mago ex dueño de la casa, quien esconfió un reloj en sus paredes que es capaz de destruir el mundo.

 
 

Sin meternos en spoilers, la curiosidad de Lewis supera las advertencias de su tío y revive al malvado brujo Isaac Izard (Kyle MacLachlan), y con él, el peligro de la maldición. Así es como la verdadera aventura comienza, cuando dos magos y un niño deben hacer lo posible para detenerlo. En realidad, no necesita decirse mucho para imaginar el desarrollo y desenlace de esta historia, sin embargo, el gran toque, y tal vez lo que salvó esta cinta, fue la elección de director, Eli Roth.

Roth es conocido por cintas terroríficas como Cabin Fever (2002) y las primeras cintas de Hostal, su estilo característico es el gore, por lo que a muchos sorprendió que estuviera al frente de una película familiar. El trabajo de Roth aquí es notorio, en medio de la magia y los chistes infantiles, el suspenso que le agregó resulta sorpresivamente terrorífico, como si en cualquier momento todo pudiera cambiar y el panorama se volviera más oscuro. Roth logró una cinta que nos recuerda un poco a nuestra infancia pues es una película para niños, pero si recordamos algunos programas de cuando nosotros teníamos menos de 12 años, estas calabazas y muñecos que cobran vida, nos hubieran hecho cerrar los ojos a esa edad y tal vez hasta quitarnos el sueño, sin contar los elementos realmente escalofriantes, como el demonio que se presenta en un bosque alemán, uno de los más perturbadores.

Por esta misma razón, para muchos padres causó controversia, pues puede ser que si sea un poco pasada de tono para niños pequeños, sin embargo, es un gran logro ver como estos pequeños elementos pueden producirte grandes sensaciones.

 
 

En cuanto a las actuaciones, en general cada uno de los protagonistas y secundarios cumplen con su papel. Owen Vacarro hace un buen protagónico, pero si no lo llevaran de la mano los grandes actores que lo acompañan, quedaría un poco simple. Jack Black regresa con un papel lejos de las comedias a las que acostumbra, aunque muy similar al que hace en Pesadillas (2015), al final Jack Black siempre será Jack Black. Lo mismo puede decirse de Cate Blanchett, con una gran actuación que tiene la clase y el porte que la caracteriza y MacLachlan, quien nos entrega a un villano apto para niños, pero sin mucha maldad creíble, aunque su actuación también es magnífica.

Al final no sabes si lo que verás es una comedia o una película de terror, pero lo que debe destacarse también es el gran logro entre producción, fotografía y efectos especiales. Ambientada en los 50s, tanto el vestuario como las locaciones combinan a la perfección con los colores elegidos, y un plus, con las situaciones de terror. Es como ver algo realmente antiguo pero creíble, gracias a la tecnología. La Casa con un Reloj en sus Paredes tal vez no llegue a ser la película favorita de nadie, además nos confunde entre géneros y clasificación, pero es una cinta lograda y disfrutable, llena de magia y fantasía que envuelve la difícil historia de un niño que además de perder a sus padres, debe adaptarse a un lugar en el que es un extraño, finalmente es una película que vale la pena ver.