Perder, un arte

La sociedad moderna se ha especializado en adorar y promover el culto a los ganadores, a los que encuentran, a los que conservan y obtienen más, pero ¿qué hay del viejo y poco valorado arte de perder? Elizabeth Bishop nos habla acerca de ello en su poema One Art.

The art of losing isn’t hard to master;

so many things seem filled with the intent

to be lost that their loss is no disaster.

El arte de perder no es difícil de dominar,

muchas cosas parecen cargadas de la intención

de ser perdidas y su pérdida no es un desastre.

Ocasionalmente llegamos a perder cosas, muchas de ellas carentes de importancia, una moneda, un botón, una pluma, la lista de compras, el teléfono celular. Cada una de esas cosas puede cumplir una función específica, puede dificultarse un poco nuestra existencia sin ellas, pero su pérdida no implica un daño irreparable a nuestra existencia.

¿Recuerda usted todas las cosas que ha perdido a lo largo de su vida? ¿Vale la pena hacer un esfuerzo consiente por traer a su pensamiento todas aquellas cosas que estuvieron en sus manos y ahora vagan por el limbo de los objetos extraviados?

Lose something every day. Accept the fluster

of lost door keys, the hour badly spent.

The art of losing isn’t hard to master.

Pierda algo cada día. Acepte el malestar

por las llaves pérdidas o la hora malgastada.

El arte de perder no es difícil de dominar.

El arte de perder, como todos, requiere de práctica y Bishop nos recomienda empezar con constancia, comenzar a saborear de a poco pero de manera regular las consecuencias de nuestros descuidos. Es fundamental aceptar que las cosas perdidas no regresaran y que hay que seguir adelante.

Nuestro cerebro está diseñado para ignorar los minuciosos detalles que es capaz de procesar y nos entrega solamente una pequeña fracción que considera manejable. Esta es una función particularmente útil en el perfeccionamiento del arte de la pérdida. Deje que su cerebro diluya sus extravíos en los detalles de la embriagante y abrumadora realidad que no necesita percibir.

Then practice losing farther, losing faster: 

places, and names, and where it was you meant

to travel. None of these will bring disaster. 

Ahora practique perder más, perder más rápidamente,

lugares y nombres, y el sitio al que estaba destinado

a viajar. Nada de esto traerá desastre.

Ahora es momento de acelerar un poco el paso, es tiempo de olvidar algunas cosas, porque muchas de ellas representan cargas innecesarias, dejar atrás sitios a los que no se volverá y abandonar en el pasado personas que no regresarán. Incluso se nos pide adelantarnos a la pérdida, ir renunciando a la idea de ese viaje que nos será imposible realizar.

 

Algunas de estas cosas pueden tener mucho valor, y puede ser difícil renunciar a ellas, pero si se quiere adquirir maestría en el arte de perder uno debe estar convencido de que su pérdida no es un desastre por sí misma.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or

next-to-last, of three loved houses went. 

The art of losing isn’t hard to master. 

Perdí el reloj de mi madre. Y ¡Claro! la última

o penúltima de mis tres amadas casas ya no están.

El arte de perder no es difícil de dominar.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,

some realms I owned, two rivers, a continent.

I miss them, but it wasn’t a disaster.

Perdí dos adorables ciudades y aún más,

algunas tierras que poseía, dos ríos, un continente.

Los extraño, pero no, no fue un desastre.

Relojes, casas, tierras, todos estas posesiones son las que determinan el nivel de éxito que una persona tiene, ¿No es acaso un fracasado aquel que perdió todo, aquel que tuvo el mundo en sus manos y se le escapó entre los dedos? ¿Cómo es que estas pérdidas no pueden representar un desastre? El discurso comienza a parecer contradictorio, pero demos a la poetisa una oportunidad de convencernos de que nada de esto es desastroso.

Imagine usted la tranquilidad que tendría en su vida si pudiera perder cosas como éstas sin ver su valía comprometida, imagine que puede caer a un precipicio y tiene la capacidad de levantarse, continuar y llegar a la cima de nuevo. ¿Serán estas las recompensas de dominar el arte de perder?

Even losing you (the joking voice, a gesture

I love) I shan’t have lied. It’s evident

the art of losing’s not too hard to master

though it may look like (Write it!) like disaster.

Incluso perderte a ti (una voz bromista, un gesto

que amo) No debería haber mentido. Es evidente que

el arte de perder no es tan difícil de dominar

aunque pueda parecer (¡Escríbelo!) un desastre.

Su última lección es algo más difícil, más doloroso y mucho más parecido a un desastre. Ya dejamos atrás las pérdidas materiales y simbólicas y ahora vamos con las perdidas emocionales. La autora nos ha llevado de a poco en este viaje de extravíos aparentemente inocuos a olvidos más significativos y por ultimo a la pérdida del ser amado.

Todos hemos perdido a alguien. Todos hemos sentido que el mundo se derrumba, que el sol no saldrá otra vez y que nuestros músculos no volverán a moverse jamás. Eso, mi querido lector, sí que luce como un desastre. A la misma Elizabeth le cuesta admitirlo, al grado de forzarse a escribirlo, como negándose a aceptarlo, perder, de hecho, puede parecer un desastre.

Ahora lo sabemos, esto tiene sabor a desastre, pero ¿en realidad lo es? Elizabeth Bishop nos ha mostrado con maestría que el primer paso para aceptar las perdidas es reconocer sus consecuencias, darnos cuenta que todo lo perdido es insignificante una vez que se va, abrir los ojos ante el hecho de que el arte de perder puede no ser tan fácil de dominar.

Muchos creen que los verdaderos artistas sufren por sus obras, que el verdadero arte conlleva sacrificios, si esto es cierto, aquellos que dominan el arte de perder son los mayores artistas que existen, ¡brindemos por ellos!

No es cinéfilo, ve muchas películas. No es melómano, no quiere vivir sin música. No es escritor, es ingeniero. Quiere que todos sepan que el sentido de la vida el universo y todo lo demás es 42.