Reinterpretaciones de la gripe

Reinterpretaciones de la gripe

La gripe me persigue sigilosa, confiada, casi indiferente como si no entendiera la diferencia entre trabajo y vacaciones, descanso ofestejo, sexo o celibato,  con la misma energía con que un político persigue su elección o un salmón persigue su destino contra la corriente, la gripe ha estado presente desde mis primeros recuerdos,  en esa ocasión en que por una bella casualidad arruine toda una ensalada de verduras sin que quedar aséptica ninguna hoja de espinaca ocuando por una treta del destino sucumbí  a darle rienda suelta a mipicazóny estallo lo que debía quedarse en mi pañuelo en el impoluto, pristino y claro vestido de mi invitada nocturna en una de esascitasfugaces de este maravilloso y vacío siglo XXI.

La buena noticia es que mi afectación, me hacía ausentar de las más aburridas e inexpresivas reuniones sociales, en donde el festejado rendía tributo al dios Baco mientras los allegados impartíanclasesautocontrol bebiendomás de 12 botellas de ron, 144 litros de cerveza, 15 botellas dewhiskey y una pequeña bolsa de maní para picar algo entre bebidas y no caerenintoxicación, debatiendo sobreSócrates  con tal autoridadque cualquier catedráticomoriría de un paro cardiorrespiratorio.

Mis días no resultaban fácilesy menos ahora con este clima y mi fragilidad nasal, que al parecer es diseñado para que la gente en la ciudad se comporte aún más distante que de costumbre, bajen sus miradas a su celulary se concentren en la vista que dan las grandes ventanas del transporte público, calladas, discretas, frías y tal vez con cierto aire melancólico. Filas de personas sentadas ahí, sin más ni más,  sin cambiar palabra. La ciudad era ante todo una fría incubadora de historias , no siempre buenas y no siempre malas, llena de situación caóticas , alucinadas ante los ojos de millones de seres que buscan llegara sus trabajos, para sentarse allí en esas bancas, en esas sillas, o simplemente de pie, para saludar, maldecir, obedecer u ofrecer algo para alguien .  - Undescongestionante? – Si por favor-espere un segundo.

Ese segundo parecía un minuto, y ese minuto se convirtió enaun más tiempo. Tal vez la amablemujer no encontraba tal medicamento, cosa que me parecía ilógico, pues eso y condones es lo más vendido en una farmacia. Tal vez lo más recomendable sea marcharme y rendirme de una vez por todas a mi pasajera enfermedad, largarme al mismo infierno en donde este virus sea incinerado de una vez por todas, no sin antes desearle un buen viajeo un “hasta la vista baby” digno de una cinta hollywoodense, pero con un el estilo latinoamericano, sin gafas y sin chamarra de cuero.

Debajo de la vitrina, con que las manos artríticas saco lentamente luego de una vida en espera, dos medicamentos, no precisamente de la vida eterna, sino algún calmante temporal para mi afección, con un nombre escrito en la parte superior de la caja que difícilmente podía pronunciar ni en mi sano juicio. Aquella mujer no solo me garantizaba la curación total de mi afección nasal, sino un vuelco total en mi salud.

Tal vez creí esto demasiado bueno para ser verdad, pero tome dos en ese instante. No hubo cambio alguno, tal vez creí que mi enfermedad era comportarme como un ciudadano común, un madrugador enfermizo, un trabajador incansable, un hombre callado  en un autobús público, un consumidor de historias ajenas y no de las propias, tal vez esa era la enfermedad, una común enfermedad.   

       

 

Nunca he sido un buen escritor y mucho menos un buen lector,es un misterio por que me leen.