Un encuentro con el alma de Krishna

Texto y fotos por: Mariana Medina y Majo Tielve.       

365 días, 12 meses, 31 días, 24 horas y 86,400 segundos. Sin duda alguna el tiempo es uno de los determinantes que nos hace sentir vivos, el cuerpo cambia y se envejece, las personas vienen y van, pero hay un factor que no cambia y siempre está presente respondiendo al nombre de “Alma”.

Vivimos la era del vacío, descrita así por el filósofo francés Gilles Lipovestky, apegados a valores como el consumismo, hedonismo, ocio y lo efímero. Estamos en una búsqueda constante de un nirvana que posiblemente para muchos nunca llegará, alcanzamos uno de los temas más importantes “la religión”, basándonos en el principio de necesidad de creencia, cambio y aceptación, me encuentro viviendo una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido hasta el momento, el krishnaísmo.

Muchas de las cosas que han marcado mi camino ha sido por las personas que me enseñan pequeños trozos de su mundo, así es como una amiga me invitó a experimentar un nuevo sentimiento en mi sistema, bajamos del metro Sevilla y caminamos algunas calles, hasta llegar al templo USKON, el lugar en donde se realizan estas celebraciones. Un poco mojadas por la lluvia nos quitamos los zapatos para poder ingresar al lugar, donde sin entender que pasaba comencé a hacer lo que los demás hacían.

Si algo puedo amar es compartir con las personas que quiero los pequeños descubrimientos que tengo día a día, y éste era uno que tenía que vivir acompañada. En mi caso la cultura hindú siempre se a hecho presente en mi vida, por el lado espiritual y cultural, pero nunca había presenciado ni convivido tan de cerca con la parte religiosa que sin duda me dejó con la boca abierta. El hecho de que pensar en todas las posibilidades que como energía tenemos me hace dudar de lo que me inculcaron de niña.

El krishnismo propone que no somos materia y que el hecho de estar en la tierra es un simple paso para llegar a la luz de Krishna como fuente de energía, alma, una fuerza que nos hace vivir, indestructible, insoluble y existente en todo. Así fue como dio iniciola ceremonia.

Del lado izquierdo estaban los hombres y del derecho las mujeres, quienes con alegría entonaban el mantra representativo de la cultura Krishna. Plenitud y paz era lo que caracterizaba esta celebración, unos con las manos arriba, otros aplaudiendo al ritmo de los tambores, de frente al altar, dónde se encontraban las deidades.

Aplausos, bailes y cantos era todo lo que llenaban el lugar, dejándonos una sensación nueva pero agradable, las mujeres vestían hermosos saris con telas vaporosas que colgaban de sus hombros y los hombres tenían una especia de pintura amarilla en la cara; al momento de entrar en su espacio me hicieron parte de ellos, colocaron un aceite en nuestra cabeza, así mismo nos llevaron a cada uno una flor para poder apreciar su aroma.

Llegando así al momento en que nos sentamos en los tapetes para continuar el ritual con los párrafos escritos en el Bhagavad-gita (uno de los libros más importantes y representativos de la cultura hinduista y por el que se rigen los seguidores de Krishna), que eran traducidos por un monje visnuísta, quién recalcó que Krishna es “La felicidad eterna”.

Al termino de la misa, nos invitaron a comer de sus alimentos, ya que si algo representa a los Hare Krishna es que no sólo son una religión si no que es una cultura completa, lecturas, música, bailes, comida y arte. Decidimos no comer, teníamos muchas cosas en la cabeza y mil más por platicar. Salimos corriendo y después de reír como locas por algunos percances que sucedieron en la misa y sentarnos a cenar cerveza y una tabla de quesos (que obviamente no honrarían a Krishna)  llegamos a la conclusión de que amamos nuestra vida humanoide en este planeta y que definitivamente nos gusta lo que hacemos y no nos interesa hacerlo en honor a una deidad (por ahora). A veces es necesario recordarnos quienes somos y valorar lo que nos distingue.

Por otro lado me cuesta aceptar ese tipo de ideales en cuanto al ofrecer tu vida a un Dios, ser devoto a algo que no se puede ver y solo puede llegar a sentir. A este momento de mi vida la llamo búsqueda de plenitud, enriqueciendo mi identidad, aprendiendo de los errores ya que somos simple humanos.

Creo que lo importante de tener una religión es la fe que esta genera a la vida de uno y el sentido que le da a nuestro momento en la tierra, la totalidad que es forjada por la perseverancia, buscando así un rumbo más estable para cada uno en el viaje al que llamamos vida.

Haribol.

 
 

Checa en este video la experiencia más de cerca:

 
 

Ama lo que haces, si no no lo hagas.

Me gusta leer, amo comer, la música es mi lugar favorito y me muero si no me río.