Camille Claudel a la sombra de Rodin: arte y feminismo

Camille Claudel a la sombra de Rodin: arte y feminismo

La historia del arte se encuentra llena de sus propias ficciones, como todos los relatos existentes, el arte también esconde lo que en algunos casos ya no son secretos. La construcción del discurso de la historia del arte, al igual que las construcciones de todos los discursos, contiene sus propias narrativas paradójicas y en este caso entre la historia del arte y de los artistas, el papel de la mujer resulta excluido.

A finales del siglo XIX, la controversia de la imposibilidad del género femenino dentro de los cánones de la genialidad en el arte resurgió en occidente. El concepto de “genio”, que enunció Nietzsche, donde excluye a las mujeres para pasar a ser propio de los hombres, explica por qué los grandes “maestros” y los grandes “genios” a lo largo de la construcción de la historia han sido hombres. Por esto, no es absurdo decir que la historia del arte es la historia de las excepciones, en este caso de las excepciones de las mujeres.

El concepto tradicional de la mujer dentro de la historia del arte es el de la musa: mujeres que inspiraban a los grandes genios de las ciencias y las artes, mas no mujeres autoras o coautoras de sus propios logros. Pero, ¿quiénes fueron y han sido los encargados de juzgar cuáles logros son transcendentales, o de clasificarlos o excluirlos de la historia del arte y de los espacios de los museos? Y más aún: ¿bajo qué pautas se sustenta una historia del arte basada en la noción de “genio” como verdad absoluta?

Durante los años 70, con la “crisis del sujeto occidental” comenzaron a platearse estas incógnitas, partiendo de la formación de la identidad y del modelo del sujeto. Desde entonces la noción del sujeto se ha puesto en tela de juicio para explicar por qué ha habido tan pocas grandes artistas mujeres.

Un ejemplo claro de esta exclusión de las mujeres en la historia del arte es el mito en torno al artista francés Auguste Rodin. La historia de Rodin se maneja desde una perspectiva occidental, siendo considerado como un genio en sus tiempos. De acuerdo con las construcciones culturales de “genio”, este artista cumplía con todas estas pues era sumamente productivo, generando muchísimas esculturas derivadas de su talento artístico.

Pero a la par, y menos conocida, existió la escultora francesa Camille Claudel. Desde temprana edad Claudel se vio fuertemente interesada por la escultura y más específicamente por el famoso escultor de esos tiempos Rodin. Después de un tiempo de grandes esfuerzos por hacerse ver profesionalmente por este célebre artista, y principalmente por su gran habilidad en la escultura; Claudel logró instaurar una relación con Rodin no sólo en el ámbito de las artes sino también en un ámbito amoroso. Es así como su tan íntima relación los llevó a pasar cuantioso tiempo juntos y consecuentemente a una producción artística cercana, con la que Claudel comenzó a alejarse de su círculo social.

La profesora e investigadora de arte, Estrella de Diego ya había hablado de este caso, donde explica:

“Sobre el primer particular, la gran cantidad de material que Rodin crea, parece obvio que se trata de una productividad compartida con la fabulada hasta el hastío Camille Claudel, discípula, amante y coautora de muchas de estas obras.[…]Porque es obvio que el tiempo que dura su relación, Claudel participa en la producción de Rodin y contribuye a la conformación de ese mito de productividad – de masculinidad, dado que, en la concepción generalizada a partir de la división del género, los hombres son productores y las mujeres consumidoras –que se organiza alrededor de la figura de Rodin durante la década de 1880 y principios de la de 1890.”

La relación entre Claudel y Rodin terminó luego de que tras largo tiempo siendo amantes, él hubiera preferido estar con la que terminaría siendo su esposa. Después de este suceso, Claudel comenzó una temporada de mucha producción escultórica y de la que surge una de sus obras más reconocidas, La edad madura, que representa parte de su vida:  una mujer arrodillada detrás de un hombre de pie al cuál ella sostiene sólo la punta de su mano y el cual camina hacia dirección opuesta siendo llevado por otro ser.

Camille Claudel pasó años encerrada en su estudio hasta que dicen, enloqueció. Comenzó a destruir sus obras hasta que un día se tomó la decisión de internarla en un manicomio, el diagnóstico que recibió: manía persecutoria y delirios de grandeza. Desde entonces y hasta el último de sus días, Claudel vivió encerrada en un sanatorio y con el paso de los años fue olvidada por sus contemporáneos. Años antes, con la muerte de Rodin, quien había dado el derecho de toda su herencia al gobierno francés, todas las obras, incluidas las que Claudel había perdido tras su ingreso al manicomio, pasaron a ser oficialmente autoría de Rodin.

Durante la relación entre Camille y Rodin y entre su producción escultórica, sus piezas se confunden unas con otras, no queda claro cuáles son obras de Claudel y cuáles son de Rodin, puesto que mientras estuvieron juntos su obra se fundió en una misma línea de producción. Dadas estas confusiones es difícil hoy en día determinar qué obras fueron únicamente de Rodin y en qué otras la autora fue Claudel o peor aún, cuantas de las obras de Claudel o en conjunto de Claudel y Rodin son ahora impuestas como obras exclusivas de Rodin.

Esto vuelve a poner de manifiesto la exclusión femenina dentro de la lista de los grandes genios de la historia del arte. Es difícil dar crédito a lo que Claudel hizo realmente o lo que corresponde a una producción compartida. Parece inevitable que en la producción de las mujeres se vea nublada su autoría, pues la palabra “genio”, una vez más, se fundamenta en algo tan falso como el paso de Claudel en la vida de Rodin, lo que nos recuerda cada vez que Rodin es otra de nuestras construcciones culturales de quién es un “genio”, con fundamentos excluyentes hacia el género femenino.

Fuentes:

Amazonas Del Arte Nuevo, i Parassols, Josep, Jiménez Burillo (2008)

La pasión de Camille Claudel, Bruno Nuytten (1988)

Disfruto del cine, la lectura y las micheladas. Últimamente interesada en la relación entre tecnología y arte. Me gusta bordar y hacer instalaciones con hilos. Me fascinan las miniaturas y siempre recuerdo lo que sueño.