Aún no he escrito nada

5:00 am y aun no sé qué escribir, parece que mi cerebro se ha acostumbrado al hecho de no articular palabra o pensamiento,  a menos que lo llene de basura televisiva, videos tendencia de YouTube o canciones pegajosas que incitan a una reproducción desesperada, al ritmo de un reggaetón burdo, monotemático y carente de toda coherencia semántica, de una sensualidad barata y totalmente sexualizada por un obeso pseudo cantante y sus enamoradas.

Me muevo por mi habitación buscando alguna excusa, alguna palabra o una imagen que me sirva para encubrir mi falta de talento. Veo sobre el dintel de mi puerta no precisamente un cuervo posado, inmóvil, y nada más , si no la luz de madrugada que pasa sobre un pequeño marco rectangular que se aclara poco a poco avisando que el día apenas empieza y yo aún  no he escrito nada, ni una sola palabra.

No es tan fácil encontrar un tema para escribir, ni siquierauna excusa para poner mis dedos sobre el teclado y escribir cualquier cosa, ni hablar de las distracciones matutinas,  pues el repartidor de encomiendas siempre busca el momento preciso para distraerme con su ruidosa motocicleta golpeando desesperadamente a mi puerta para hacerme la entrega de unas miserables promociones de un miserable negocio de unas miserables hamburguesas, esas hamburguesas que mágicamente como un truco de magia parecen más apetitosas en ese dichoso trozo de papel. Iría en este preciso momento a quejarme de esa falsa ilusión, quejarme ante su gerente de sus embiciadoras papas, trapear su piso con su carne y limpiar sus amarillas paredes con su pan pero con el inconveniente que no será posible, pues aún no he escrito nada.

Debería obligar a Mark Zuckerberg a  revisar cada uno de los videos, memes y demás    banalidades de su red social, con el fin de hacernos a los malos escritores un poco menos malos y menos ociosos, pero qué sentido tendría esto, si los malos también tenemos derecho, es más,  nos sacrificamos por todos aquellos a los que realmente sí encantan con sus textos. Pero si Gabriel García Márquez hubiese nacido en los radiantes noventa, ahora, justo en este instante estaría viendo el meme de la semana, compartiendo la foto del perro perdido de la vecina,   jugando Candi Crush  o stalkeando a la amiga de la amiga  mientras  que 100 años de soledad (1967) , hubiesen sido aún más años pero con menos soledad y tal vez estaría diciendo – hoy aún no he escrito nada-.

Mama!, ¿supiste que  Aureliano, El perro de la vecinase perdió ayer?
No, y ¡no me interesa! ¿Terminaste de escribir ese dichoso libro?
Hoy no he escrito nada má!

Nunca he sido un buen escritor y mucho menos un buen lector,es un misterio por que me leen.