A la Luz de la Luna

Correción de estilo : Eduardo Dominguez

Hace poco más de dos meses, en el foro Contigo América se presentó la obra 351, del dramaturgo Jesús Lozano, en donde se narra la historia de dos hermanos que se reencuentran después de años separados.

Juntos develarán un secreto que la República guarda celosamente, y tratarán de resolverlo antes de que el tiempo se agote: traiciones, muertes inesperadas y una constante lucha por el Poder son los hechos que componen el paisaje, aunado a personajes que revelan que los años pasan pero, la manipulación y la ambición, en sus más puras esencias, únicamente mudan de huéspedes.

Por su parte, la puesta en escena de A la luz de la luna —historia concebida precedente a 351— pregona el acontecer de Jonás y Eliza, dos amantes que se conocen «accidentalmente»; el idilio de estos dos tropieza y deambula por ciertos terrenos de personalidad que los orilla a construir una esfera social más.

Hasta aquí se tiene una historia lineal e irrelevante, en donde se atestigua el desamparo de personajes dispuestos a guardar silencio, olvidar ideales y sus más profundos anhelos, incluso a cambiar todo lo que poseen… pero todo gracias a un estado que mantiene el «orden» de las cosas, y que conmina a todo aquel que intente romperlo.

En A la luz de la luna, dos actores son los necesarios para envolver al espectador, pues edifican una enérgica y compleja narrativa, desarrollada en segunda persona, o narratúrgica. Los intérpretes dominan los fenómenos de regulación del espacio, iluminación y escasos elementos escenográficos.

Si bien un notable nerviosismo flota en la atmósfera que en algunos momentos nos perdemos en la historia y olvidamos la premisa – Idea que se rescata gracias a la narrativa- estaríamos hablando de una una obra redonda que, sin duda alguna, evidencia una maduración por parte del dramaturgo.

 
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