Björk

Fotos por: Santiago Felipe

Comenzaba el atardecer en la Ciudad de México y poco a poco veías a la gente llegar al Auditorio Nacional. Desde el fan dedicado que replicó el icónico vestuario de la islandesa en la portada de Vulnicura, pasando por el Godínez que iba saliendo de la oficina, hasta la revendedora que no tenía ni idea de quién era el evento, pero estaba muy segura de vender boletos de “Biyons”.

Entramos al recinto y lo primero que nos sorprendió fue que el personal de seguridad hacía mucho énfasis en no tomar fotos y videos y fue hasta que pasamos a nuestros asientos que vimos en las pantallas el porqué de dicha petición: “A petición de BJÖRK, por favor no tomar fotografías y/o videos del show…”

Minutos antes de las 9 de la noche, la orquesta subió al escenario y detrás de ellos entró Björk luciendo un vestido blanco del diseñador francés Stéphane Rolland y una de las características máscaras del diseñador James Merry que nos hacía alusión a un ser fuera de este mundo.

Entre aplausos y ovaciones, la interprete esperaba en el escenario y no fue hasta que hubo un gran silencio en el Auditorio que comenzaron a sonar las cuerdas de los violines y cellos para comenzar con “Stonemilker”. La voz de la artista comenzaba a erizarnos la piel y enviarnos a un universo paralelo en donde no había más que su música.

Le siguieron “Lionsong”, “History of Touches”, “Black Lake”, “Family” y “Notget” justo en el mismo orden del disco Vulnicura y entre cada canción sólo escuchábamos el tierno “gracias” de la islandesa acompañado de algunas reverencias.

Llegó el fin del primer acto y algunos incrédulos pensaban que ya había terminado, pero después de una pausa de media hora la interprete regresó al escenario con un cambio de vestuario. Un vestido blanco corto con otra máscara de James Terry.

Se escuhaba “Aurora” de su disco Vespertine, seguido de “I’ve seen it all” de la película de Lars Von Trier Dancing in the Dark. Le siguieron “Jóga”, “Vertebrae by Vertebrae”, “Bachelorette”, “Quicksand” y “Mouth Mantra”. Con cada minuto que pasaba confirmábamos lo versátil y talentosa que es Björk y lo afortunados que fuimos en poder presenciar este hito musical en México.

Björk sale del escenario para el clásico encore y regresa por tercera y ultima vez para finalizar el concierto, no sin antes presentar a la orquesta mexicana y al director islandés que los acompañaron durante el evento. El auditorio extasiado aplaude y espera el final… cerrando con “The Anchor Song” y “Pluto”, Björk se despide de su público mexicano, quienes la aclaman de pie y no pueden creer que este concierto terminó.

No fue necesario tener un escenario con mucha producción. Björk, su voz y unos pocosjuegos de luces fueron suficiente para cautivar a cada uno de los asistentes del evento. Y entonces, al salir del recinto sólo nos queda una pregunta. ¿Qué podemos esperar de su presentación en el Ceremonia?