Una mirada a través de lo sensible

Miranda July es una de esas artistas que dan placer conocer por primera vez. Y con ella ocurre a cada momento. Recientemente leí su primer libro de relatos Nadie es más de aquí que tú publicado en 2009, y lo único que lamenté fue no haberlo leído antes.  Los quince cuentos que plasma son extraños, inquietantes, cotidianos y te logran sumergir en un viaje de rincones olvidados de Estados Unidos.

Aquel libro me dejó la sensación de querer conocer más de ella y de su obra. Miranda July, artista multifacética: artista, músico, escritora, actriz y directora de cine; muchos se pueden sorprender por su gran gama de talentos explorados por los que ha pasado, y no de forma desapercibida, basta con mirar su página oficial o teclear su nombre para descubrir todo el mundo que lleva dentro.

El sexo ocupa un lugar central en las historias, no es que llegue a ser el verdadero protagonista, pero sí que está ahí como algo común y casi indispensable en la vida de los protagonistas: sexo homosexual, infantil, con uno mismo. Logra plasmarlo como algo que forma parte de todos nuestros días.

Las frases llenas de belleza nos cubren de tristeza y reflexiones oníricas ante una realidad descarnada “Durante aquel día cargué con un sueño como si fuese un vaso lleno de agua, moviéndome con delicadeza para que no se derramase ni una gota”; “Tiene una doble importancia ya que una mente consciente comete errores con frecuencia, se enamora de la persona equivocada”; “Nunca me enamoré de nadie, vivo o muerto” (Miranda July, 2009)

En  esta ocasión me gustaría hablar acerca de uno de los relatos que más contrariedades me causó, y eso que hubo varios. Sin embargo “Patio común” me dejó una sensación de desconcierto, algo en él verdaderamente importante se me escapaba y tras muchas lecturas descubrí el porque.

El relato es envolvente, escrito en primera persona, con un tono nostálgico y casi místico. Trata sobre una mujer que está enamorada de su vecino de ascendencia coreana, epiléptico, diseñador gráfico y casado con una mujer griega. Un Nuevo Hombre. El único espacio donde puede verlo y de cierta forma interactuar con él es en el patio común del piso. Una tarde se lo encuentra y tras sostener una breve conversación con Vincent él sufre un ataque epiléptico. La chica, que a ratos nos hace pensar que podría ser la misma July, en lugar de alarmarse se queda dormida. El resto de la historia se desarrolla entre sueños eróticos, y el ensimismamiento de la protagonista al ver una ballena pegada en el refrigerador.

Estos momentos aparentemente intrascendentes esconden, seguramente, las claves para entender las historias o, al menos, el estado anímico de los personajes. Se necesita de cierta sensibilidad para lograr captar esos detalles. La sensibilidad se me escapaba, queriendo entender muchas veces el mundo de los escritores como algo visible y puramente pasajero.

Cierta sensibilidad para lograr ver más allá de una ballena o a un epiléptico sufriendo de un ataque mientras una mujer se duerme. Y eso es precisamente el reto que July nos propone.

 
 

Escritora sin sitio.

Loca de a ratos.

A veces tan triste.

A veces tan muerta de risa.