Mamá Coco

 

Por: Liz Montelongo

 

Quédense al final de la película de Frozen, el cortometraje de Coco sí está muy chido. Ok, no. Pero sin duda alguna, Coco desde el día del lanzamiento del tráiler se robó nuestros corazones para siempre.

 

Para México con Amor, y definitivamente el reglo perfecto en el momento justo de parte de Disney Pixar para nosotros; así como una cachetada para todos aquellos que habíamos olvidado lo grande que es nuestro país y lo místicas que son nuestras más arraigadas y viejas tradiciones.

 

Existen pocas cosas tan satisfactorias como ver lo más rico de tu hogar y de su cultura plasmado en una animación impecable y tan detallada. El trabajo realizado por los estudios de animación de Pixar bajo la dirección de Lee Unkrich es de los filmes más impresionantes que he visto en mi vida (sí, bueno, eso es muy personal pero así fue), y nadie ha dejado de hablar de ello a través de todos los medios. 

 

A pesar de ser una historia muy predecible, sencilla de alguna forma, bastante amigable y digerible; el recurso de la animación, los colores y la música le prohíben tajantemente a la película hacerse tediosa o monótona (como el corto de Frozen). No existe forma de que quites los ojos de la pantalla (a partir de que deja de salir Olaf en ella). Está bien, superémoslo.

 

Pero definitivamente desde el momento del Opening Image en el que la abuela de Miguel deja una vela en la ofrenda tan impresionantemente replicada, te tienen en sus manos.

 

Pasaron 5 años desde que oficialmente se anunció que se produciría una película inspirada en la tradición mexicana del día de muertos y el equipo de Pixar comenzó a viajar a través de todo nuestro país para darle vida a cada esquina de cada cuadro sin dejar fuera un solo detalle. Vinieron a memorizar los más hermosos rincones de México (Oaxaca principalmente) y volvieron a embarrar en nuestras caras lo hermoso que es nuestro país y nuestra gente con su excelente trabajo; nos regalan un retrato de lo más bonito que tenemos y sin piedad nos recuerdan eso que habíamos olvidado de lo increíbles e inigualables que son nuestra cultura y nuestras tradiciones. Todo eso que somos y nos hace México.

 

Cada detalle es preciso; la historia de Mamá Imelda en el papel picado, la guitarra hecha a mano de Miguel con clavos salidos, las arrugas y barbas de Mamá Coco, el pueblo de Santa Cecilia, el mundo de los muertos… ¡EL MUNDO DE LOS MUERTOS! Sabemos de sobra que Pixar sabe darle vida y sentimientos hasta a los sentimientos (#TodosSomosTristeza), pero se superaron a sí mismos con el mundo que le dieron a aquello en lo que los mexicanos creemos. Todo cobra sentido, todo aporta, todo tiene una razón de estar ahí y no vamos a dejar de estar obsesionados con ello.

 

Pues nada, Coco es una película rompe-récords que se va a otros países a expresar todo lo más preciado de México para enamorar audiencias extranjeras y que aquí llegó para quedarse en lo más profundo de nuestro amor por la familia, en el respeto por nuestras tradiciones y en aquello que da vida a nuestra cultura. No habrá forma de volver a verla y no volver a sentir que ahí está tu abuela, tu abuelo, tu tía, tú mismo. Ahí está el retrato animado de todas las familias y de todo lo que somos, ahí está México en una de sus más bonitas representaciones y quizá es esa la razón por la cual nadie del cine sale sin un nudote en la garganta (y si no, avísame para ponerte en mi ofrenda porque estás muerto para mí por insensible).