Blade Runner 2049

Nota: Con el fin de mantener la mejor experiencia posible del filme esta reseña es 100% libre de spoilers.

 Como (joven) amante del cine siempre me he preguntado cómo se sintió el asistir al estreno de las grandes obras maestras, películas reconocidas por todo el mundo como “lo mejor de lo mejor”, que pasó por la mente de las personas al salir de 2001: A Space Odyssey o de Taxi Driver y más importante aún ¿cómo hubiera reaccionado yo?

Durante mi vida he visto en la gran pantalla una interminable cantidad de películas, sin embargo rara vez siento que lo que veo va más allá de una salida al cine, rara vez he sentido que estoy presenciando algo que va a trascender el tiempo y debo admitir que me trae una increíble cantidad de felicidad el decir que justo eso sentí al ver Blade Runner 2049 (2017).

 
 

 

Antes de seguir, un poco de contexto.

Blade Runner 2049 es la secuela del clásico sci-fi de culto, dirigido por Riddley Scott, Blade Runner (1982), que a su vez está basado en el libro Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick, protagonizado icónicamente por un joven Harrison Ford.

En la original, situada en Los Ángeles del en ese entonces distante 2019, seguíamos al blade runner Rick Deckard (Harrison Ford), una categoría de agente especial a cargo de cazar y “retirar” a fugitivos androides super inteligentes conocidos como replicantes, usados como esclavos para la raza humana en las colonias espaciales, descubriendo misterios sobre su pasado y su naturaleza misma en el camino.

 

35 años después y de la mano del director de Arrival (2016), Sicario (2015), Prisoners (2013) y una de mis favoritas, Enemy (2014), Denis Villeneuve, tenemos una secuela que realmente nadie pidió y por un tiempo me preocupó un poco, pues pensé que sería otra secuela vacía e insulsa con la intención de hacer dinero aprovechándose de la nostalgia de una gran película (cof cof Ghostbusters (2017) cof) pero amigos, ese no es el estilo del señor Villeneuve.

 

En 2049 tenemos al agente K, interpretado por Ryan Gosling, el cual tras una corta misión descubre algo que tiene el potencial de cambiar el estatus quo del universo como se conoce.

No voy a hablar más de la trama porque este es un filme que es mejor mientras menos se sepa de él, sin embargo puedo decir que no solo 2049 es fiel al universo de la original, construye sobre él y crea su propia narrativa, no es una secuela que busca abrir la puerta a una franquicia futura, gracias a una mezcla perfecta de inmaculada fotografía por el maestro Roger Deakins, Sicario (2015), Skyfall (2012), Fargo (1996), el cual muy probablemente gane la estatuilla que lo ha eludido todos estos años, el Oscar. (el hombre ha sido nominado 13 veces, de las cuales ha perdido las últimas tres seguidas por Emmanuel “El Chivo” Lubezki #ElChivoEsMiPastorNadaMeFaltará) un scoreque se asemeja al clásico de Vangelis pero también funge como un personaje más, siempre en constante movimiento, ayuda mucho que esté compuesto por Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer (por cierto pueden escucharlo entero en Spotify), una combinación perfecta de efectos digitales y efectos realizados en cámara y actuaciones buenas por parte de todo el cast, desde el “interés amoroso” Joi, interpretada por Ana de Armas (entenderán después por qué las comillas) hasta Harrison Ford en una de sus mejores actuaciones en décadas.

Concluyo esta nota aún en un estado extático, completamente satisfecho y extremadamente feliz de vivir en un mundo en el que todavía existen directores geniales haciendo cosas interesantes y fuera de lo común, es de verdad reconfortante saber que no todo en el cine actual es Marvel y DC, la esperanza no se ha perdido.

 
 

 

Por cierto, quédense al final de los créditos …

 
 

 

 

 

No, no hay ninguna decepcionante y aburrida escena post créditos, simplemente es importante ver a todas las personas que trabajaron muy duro para traernos esta joya del cine moderno y saber a quienes agradecer.

 

#NosVemosEnElCine

 
 

Nacido el 18 de diciembre del ‘94, Mario fue expuesto a una temprana edad al cine, cosa que forjó su niñez y se volvería su pasión más grande.

Comunicólogo de profesión, fotógrafo y cineasta independiente, Mario es un ávido consumidor de medios buscando brillantez en los lugares menos esperados.